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Los dedos de Pintor arrancaron unas notas lastimeras al piano. A veces es reconfortante la música triste, ¿no creéis?
Escritora se acercó al alfeizar de la ventana. Cerró los ojos un momento. Un suave brisa se acercó a saludarla, colándose en la habitación meciendo las cortinas, como si quisiera llamar la atención y que todos vieran lo importante que era allí su presencia. Unas cuantas hojas volaron del escritorio. Nadie se molestó en recogerlas porque todas estaban en blanco. Escritora últimamente no escribía. 
La melodía se detuvo y los ojos de ella se abrieron de golpe. Cuando se giró, él ya no estaba. ¿Para qué iba a molestarse en estar si ya no pintaba* nada?
Es raro. A veces dos personas se inspiran mucho y parece que sus musas jamás van a apagarse y, de repente, todo se queda en blanco. 

*Literal y explícitamente.
Sus ojos se abrieron acariciando la oscuridad de la noche. Esperó quieto hasta tomar conciencia de donde estaba: el cuarto de Escritora. Se giró para verla dormir, como velando su sueño. Dormía plácidamente recostada boca abajo, con su espalda desnuda sin cubrir por la manta - de tanto moverse se desarropaba. Alargó su brazo sin miedo a despertarla, consciente de lo profundo que era su sueño. Pasó sus dedos por su columna y dejó que un suspiro se escapara de los labios de ella.
Al momento una melodía despertó en sus oídos, tocó el piano en su espalda: una vértebra, una tecla. Cuando dio por concluida su obra, Escritora despertó.
- ¿Inspirándote un poco? - preguntó sonriendo, sin atreverse a abrir los ojos.
- Tu espalda, que me es muy provocadora.
- ¿Solo mi espalda? - inquirió plantándole un beso en la boca mientras enredaba los dedos en su pelo.
La inspiración trajo oscuros deseos a su mente y ambos jadearon: presas del deseo.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué no? - respondió Pintor antes de suspirar -. Supongo que como empieza mucha gente. Me aburría en clase y me dedicaba a pintar. Un día me di cuenta de que no podía vivir sin ello, que faltaba algo. Me enfrenté a mi padre y aquí estoy.

- ¿Artista?
- Sí, papá.
No podía salir de su asombro.
- Oh, mírame. ¡Soy artista! ¡Siento cosas! - dijo haciendo cabriolas y poniendo una voz aguda - ¿Es eso lo que quieres? ¿¡Vivir del aire!?
Pintor comprendía su enfado pero no se cortó al responder.
- No, papá. Y no siento cosas: hago sentir.

Si se pudiera plasmar la pasión misma en una obra... Lo indescriptible...

Ella se preparaba para irse, ya casi estaba completamente vestida cuando Pintor la detuvo sujetando suavemente su mano.
La miró fijamente a los ojos y cuando Escritora intentó hablar la instó a no hacerlo con un movimiento de cabeza.
Ella volvió a pegar sus labios con expresión de extrañeza mientras él subía lentamente sus manos recorriendo los brazos de ella.
Tan suave le parecía su piel.
Llegó a sus hombros, se detuvó en la tira del sujetador y descendió por la espalda de ella hasta desabrocharlo.
Sujetador al suelo. Todo en silencio aun.
Disfrutó de la vista de los juveniles pechos, aquellos que tantas veces había llegado incluso a besar y que ahora no se atrevía a tocar. Alzó la vista y se topó con la mirada de ella, incrédula y excitada a la vez.
Rozó con suavidad uno de los pezones, ya erectos, y se deleitó con el gemido escapado de los labios de ella.
Si puediera atrapar uno de ellos en su dibujo. Si pudiera adueñarse de la expresión de su mirada por un instante y plasmarlo en su retrato.
Descendió por su tripa hasta desprenderla de sus pantalones y al fin acabó de desnudarla.
Si pudiera hacer hablar a lo que su lápiz dibujaba solo le permitiría interpretar la respiración agitada de ella y cada curva que hiciera el pincel sería un vaivén de sus caderas.
Un escofrió recorrió su espalda, fruto de la excitación creciente en sus pantalones.
Si pudiera plasmar la pasión misma en una obra... Lo indescriptible...
No pudo. Las musas no permiten tanto. No a él. No entonces.
Gozar.
Sí, eso era. Necesidad de gozar. De gozarse. ¿Qué importaba que la obra quedase incompleta, sin alma, sin pasión? El dibujo ya se haría a base de arañazos en su espalda, de gemidos en torno a las paredes, de labios enredados en besos, de dos cuerpos hechos uno. De pasión en carne y hueso.

- Cuéntame un cuento - pidió Pintor con un susurro junto al oído de Escritora, que se deleitaba con las vistas de la ventana mientras dejaba que las manos de él recorrieran lentamete su cintura.
- La verdad es que hoy no tengo ninguna historia que contar.
Se zafó de su abrazo y se apartó del ventanal, acercándose a la mesilla donde descansaba el desayuno.
- No me puedo creer que no tengas ninguna historia, ¿acaso no te visitaron las musas anoche?
Ella sonrió ante el comentario. Anoche le visitó la pasión y no las musas.
- Supongo que me dejaste sin palabras.
- ¿Una escritora sin palabras? Qué ironico, ¿no?
Ambos rieron, él volvió a acercarse y esta vez sí consiguió su propósito.
Tan dulces le parecían sus labios.
- Es extraño - dijo ella cuando sus bocas se separon - a veces me inspiras de tal forma que siento que no me va dar tiempo a plasmar todas las ideas que tengo en el papel y en cambio otras...
- Es como si te vaciaran el cerebro y tan solo una pequeña idea bullera en tu cabeza.
- Sí.
- ¿Y cuál es esa idea?
- Que podría dedicarte mis mejores textos aunque, por otro lado, preferiría dedicarte mis mejores besos.
- Es extraño.
- ¿El qué?
- A mi me pasa lo mismo.
La una se pierde en las nubes, el otro se sumerge en las olas.
La una tiene dedos manchados de tinta, el otro los tiene manchados de pintura.
La una vive con baile, el otro muere con la guerra.
Para unos el amor es un te quiero susurrado a los cuatro vientos, para otros es un me inspiras que relata y dibuja y para otros es un me importas que protege y se preocupa.

Me inspiras

Un pequeño toque de muñeca y el pincel se deslizó por el lienzo con suma ligereza.
Una pincelada allí, otra allá y el dibujo empezó a cobrar vida en el blanco lienzo a manos de Pintor Pianista.
Escritora permanecía quieta, sumamente quieta. Temerosa incluso de respirar. No quería interrumpirle, simplemente permaneció quieta hasta que el hombre dio por concluido el retrato, un retrato que la dejó sin palabras.
Aparecía ella mirando con aires melancólicos por la ventana, como si esperara que regresara algo. Tal vez la inspiración perdida. Sí, eso era. Inspiración.
Ambos se miraron, estaban pensando lo mismo y, antes de lanzarse el uno en brazos del otro, dijeron aquello que sería la base de su relación:
Me inspiras

El mejor regalo del mundo.

"La viaja canción de Cumpleaños Feliz dejó de oírse en la casa para dar paso al soplido de las velas. Un niño de apenas 7 años sopla con fuerza al tiempo que cierra los ojos muy muy fuerte.
- ¿Te has acordado de pedir un deseo, no?
- Por supuesto que sí, abuelo.
El hombre asintió mientras sonreía y le revolvía el cabello al pequeño que, como siempre, acababa quejándose por esa acción. Después apareció su esposa y su hija, la madre del niño, traendo con ellas un paquete.
- ¡¿Es ese mi regalo?! - dijo el pequeño asombrado y deseoso por saber qué se escondía envuelto en ese papel de regalo.
- ¿De quién va a ser si no?
El niño corrió al encuentro de su abuela, que era la que traía tal tesoro, y se lo arrebató de las manos.
- Da las gracias por lo menos - respondió su padre, tan exigente y serio como de costumbre.
- Muchas gracias a todos - contestó el niño escondiendo por un momento el regalo detrás de él y poniendo cara de niño bueno.
Cuando todos le dijeron que así estaba mucho mejor volvió a su tarea. Tras varios minutos ocupado en abrir el paquete por fin descubrió su contenido.
- ¿Te gusta?
- Sí, es el mejor regalo del mundo."

Escritora acabó su lectura y miró con ojos expectantes a Pintor.
- No pones cuál es regalo.
- Muchas pinturas y un pincel.
La expresión del hombre al oír esas palabras no era la que ella tenía en mente. Con el semblante serio y la mirada fija en sus ojos se levantó de la silla en la que estaba sentado y ante la atenta mirada de todos los presentes la cogió del brazo y la sacó del bar.
- ¿A dónde vamos?
- A mi estudio, tengo que pintarte un nuevo retrato.
Tras su cita, Escritora había averiguado varias cosas de Pintor pero una que había captado su atención. Resultaba que, el banco donde le vio por primera vez, estaba enfrente del bar que él siempre frecuentaba por lo que se le ocurrió que tal vez podría ser allí donde realizar su plan.

"Usted me obsequió con un dibujo, supongo que lo justo es que yo haga lo mismo con uno de mis relatos"

Eso fue con lo que se encontró Pintor al entrar aquella tarde en el bar. El camarero le había dicho al entrar que le entregaba un anónimo pero él sabía perfectamente quién lo enviaba. Aquella mujer no sabía disimular. Abrió con cuidado el sobre que contenía el esperado relato pero, para su sorpresa, no había nada. ¿Es que le estaba tomando el pelo o qué?
Estaba pensando en qué mosca le había picado para no dejar nada, pero sus ideas estaban tan vacías como ese sobre.
De repente una libreta cayó sobre la barra del bar sacándolo de sus cavilaciones y una enorme sonrisa apareció cuando se giró para ver quién armaba tal jaleo.
- No esperaras que te escriba un relato sin inspiración alguna.
Y tras decir esto Escritora le plantó un beso, otro beso que le dejó sin palabras. A ella, en cambio, le sirvió para imaginar una nueva historia; pero esa ya se la contaría más tarde.

Ya está aquí el primer capítulo de "SONRISAS ROTAS" pasaros y comentar :)

Pluma, papel y beso.

Nada más llegar a su pequeño apartamento lo primero que hace es buscar lápiz y papel. Tenía que retratarla antes de que se olvidara por completo del brillo de sus ojos, del aroma de su perfume o incluso del olor de su piel. Antes de que se desdibujara de sus recuerdos la curvatura de sus sonrisa o el sonido de su carcajada. Antes de que dejara de sentir el sabor de sus besos, aun impregnado en sus labios.

Cierra la puerta con un portazo y se encamina a toda prisa hacia el gran ventanal de su ático. Busca en el escritorio una hoja en blanco o algún sitio donde poder escribir y buscó también un bolígrafo. Debía darse prisa o no podría encontrar la palabra exacta, componer el párrafo perfecto o realizar la descripción acertada. O incluso podría olvidarse por completo de la sensación causada por el roce de sus labios.

Ambos callan, miran sin ver en realidad, se pierden en buscar de inspiración, charlan con las musas en silencio... Pero no hay nada que pueda describirlo. Se enfrentan al terror de la página en blanco.
En el fondo ellos no necesitan nada más salvo salvo una pluma o un lápiz que cuenten o muestren lo bonito que es comerse a besos. Aunque les resulte imposible recrearlo en el papel.

No esperes tanto.

Lo primero de todo: perdón por estar tan ausente estos días >.< He estado liadilla entre viaje de fin de curso, graduación... Así que no he podido actualizar.
Pero bueno, os dejo nueva entrada (que espero disfruteis) y la promesa de no ausentarme tanto sin avisar.
Un beso :)


Llegó poco antes de la hora acordada al pequeño restaurante. A esa hora no solía haber mucha gente por lo que podrían conversar sin ser molestados. Consiguió una mesa algo apartada de las otras y se sentó a esperar.

Pintor llegó un par de minutos tarde al resturante, normalmente no tenía por costumbre retrasarse pero ese día los nervios le jugaron una mala pasada. Buscó con la mirada a escritora y una vez la encontró salío a su encuentro a pasos agigantados y con una gran sonrisa.
- Siento el retraso -  dijo al tiempo que inclinaba la cabeza y tomaba asiento a modo de saludo.
- No tiene importancia yo acabo de llegar.
Ambos se sonrieron, pidieron al camarero el desayuno y conversaron animadamente sobre todo tipo de cosas.

Poco después Escritora salió del restaurante y echó a andar seguida de Pintor. Ella caminaba cabizbaja sin atreverse a mirar atrás y él no hacía más que observarla, le fascinaba tanto que a penas se dio cuenta de a donde le guiabana los pasos de la joven: al parque de su primer encuentro.
Ambos se sentaron todavía callados y así permanecieron largo tiempo hasta que Pintor decidió romper el silencio.
- ¿Qué me dirías si te dijera que voy a besarte en cuanto pasen 15 segundos?
- Que no esperaras tanto.

Recuerdo que aun podéis concursar :)

Los libros esconden mucho más que historias.

 En relatos anteriores...

Escritora caminó por entre la multitud que se agolpaba en el mercadillo hasta llegar a la tienda que andaba buscando. Una librería a la que acudía todos los domingos.
Para la mayoría pasaba desapercibida, era tan vieja que parecía que en cualquier momento se iba a derrumbar por el peso de los años, pero para ella era el lugar más maravilloso al que había ido a parar nunca.
El olor de los libros nuevos llenaba el ambiente, mezclándose con el olor de libros antiguos. Paseó por entre los pasillos del local hasta llegar al lugar donde compraba sus libretas para escribir y al ir a escoger una se llevó una gran sorpresa.
- Han dejado esto para usted junto con este libro  - dijo el dependiente con una gran sonrisa y mirándola con ojos espectantes, como si esperara su reacción.
- ¿Pero quién...?
El vendedor la cortó antes de que pudiera comenzar la frase - Eso tendrá que averiguarlo usted.
- Pero...
- Hasta la semana que viene, querida.
Salió de allí antes de que el hombre volviera a cortarla de nuevo en mitad de una frase y abrió el libro pero no encontró nada. Extrañada decidió abrir la libreta y lo que encontró la dejó aun más asombrada y comprendió por qué había escogido ese libro para regalarla.

Tras haberla visto aquel día, volvió a encontrársela en aquel mercadillo por el que pasaba por casualidad y desde entonces había ido todos los domingos. Sólo para verla. Pasado un tiempo descubrió a qué librería iba, qué solía comprar ahí... Y entonces su mente comenzó a trabajar.
Cogió un libro, lo compró y se ocupó de que ella lo recibiera (gracias a un dependiente algo cargante pero colaborador) además encargó una libreta para ella y en la primera página hizo otro de sus retratos en el cual aparecía él pero esta vez no venía con melodía sino con una frase:
"Ya que la gusta tanto escribir, debería saber que los libros esconden mucho más que historias".
Y es que el libro (cuya historia ni se había molestado en averiguar) tenía como título: "Dime cuándo y dónde".

Escritora sonrió a pesar de estar demasiado anonadada. Después se alejo con un único pensamiento "te toca mover ficha". Todo esto sin percatarse si quiera de que el hombre que ocupaba sus pensamientos la observaba desde un rincón del mercadillo mientras retrataba (tarareando una canción de las suyas)cómo se alejaba del lugar.

Reabierto el blog tras el largo parón, 
también puedes pasarte por 
aqui para leer otras cosillas.

El día en que se conocieron...

... el frío se metía en las entrañas, y es que los copos de nieve (traviesos y juguetones) no hacían mas que meterse por entre los abrigos y las bufandas buscando un poco de calor.

Pintor Pianista (harto de esquivar copos) entró a refugiarse en un bar que había junto a un parque. Se sentó en la barra y pidió un café bien cargado y caliente, no soportaba el frío.
Una vez hubo entrado en calor sacó su viejo cuaderno y un lápiz, tan sólo le faltaba alguien a quien pintar; cosa que encontró pronto al posar sus ojos en la ventana...

Al caer el primer copo, escritora cogió su cuaderno y su pluma y se dispuso a salir a calle, no sin antes coger un termo con leche con cola-cao (no soportaba el café). No había nada que la inspirase más que escribir bajo la nieve o (en su defecto) una tarde lluvia.
Paseó por entre las nevadas calles hasta dar con un parque, y se sentó en el banco en que siempre escribía y pasó un largo rato allí, sumergida en sus pensamientos, plasmándolos en el papel, dejando que las historias que tanto la gustaba inventar fluyeran a través de esas letras.

... rápidamente cogió su lápiz y empezó a trazar garabatos sobre el papel hasta dar lugar a un dibujo de una mujer escribiendo en un banco mientras la nieve caía sobre ella. Miró el dibujo y luego a la que pronto sería su musa y después empezó a tararear una melodía (de esas que le gustaba inventar para poner banda sonora a sus dibujos).
Poco después, tras apuntar unas cuantas notas tras el dibujo, salió del bar y se encaminó hacia la chica que lo miró sin comprender qué hacía ahí.
Él estiró la mano y la tendió el dibujo antes de dar media vuelta y marcharse.

Un poco más tarde fue interrumpida por un hombre que, sin decir una sola palabra, la dio un trozo de papel en el cual estaba ella retrata; sonrió para sus adentros y miró al hombre (que ya se alejaba calle abajo) con la curiosidad asomando por ojos

Esa noche dejó para ellos: un dibujo, una sonrisa y una gran nevada, nada más salvo unas tremendas ganas de volverse a ver y de inspirarse mutuamente, ya fuese bajo la nieve (a pesar de que él no soportaba el frío) o tomando un café (a pesar de que a ella la parecía demasiado amargo para sus historias).



Bienvenidos.

- Quiero oir las historias que has escrito- dijo él mientras tocaba una suave melodía con el piano.
- Las oirás en cuanto me des ese dibujo que tanto me gusta - dijo ella cogiendo papel y boli dispuesta a ponerse a escribir y pasándole los pinceles para que dejara de tocar y se pusiera a pintar.
***
- ¿Listo para empezar la carrera, marinero?
- ¿Lo estás tú o vas a salir volando como la otra vez?
Y entonces, una volando y otro navegando, se lanzaron los dos a vivir una aventura, su aventura.
***
- Baila para mi, - dijo el soldado en tono suplicante- por favor...
Ella entonces se dejó arrastrar por la música que la envolvió como lo hacia siempre desde que empezó en eso de la danza. "Bailaré hasta que tu corazón lata de nuevo, no te dejaré en la estacada soldado" pensó ella.